
La
anestesia es el procedimiento médico que permite realizar una operación quirúrgica
sin dolor. La anestesia puede
realizarse durmiendo al paciente (anestesia general) o haciendo insensible la
parte del cuerpo en la que se va a realizar la operación (anestesia local o
regional). En algunas ocasiones,
después de practicar una anestesia local o regional se tiene que pasar a la
anestesia general por resultar la primera insuficiente.
El
médico anestesiólogo es el encargado de indicar el tipo de anestesia adecuada
para cada caso, dependiendo de la operación que se va a realizar y del estado
del paciente. Además, cuida del
estado general del paciente durante la operación y trata las complicaciones que
pudieran surgir.
Todo
acto anestésico conlleva siempre un riesgo menor asumible que justifica su uso
generalizado, pero también es evidente que es un procedimiento capaz de
originar lesiones agudas, secuelas crónicas, complicaciones anestésicas graves
e incluso la muerte; todas ellas en
relación con el estado de salud previo, edad, tipo, complejidad y duración de
la intervención quirúrgica, así como consecuencia de reacciones alérgicas u
otros posibles factores imprevisibles. Cada
tipo de anestesia tiene sus propios riesgos.
Los riesgos no pueden suprimirse por completo.
-
Debe guardar un ayuno absoluto desde ocho horas antes de la cirugía.
El incumplimiento de esta norma supone la suspensión de la cirugía.
-
Debe mantener cualquier medicación que esté tomando de manera habitual
(por ejemplo, sus pastillas para la hipertensión) salvo orden expresa de que
haga otra cosa. El día de la cirugía
puede tomarlas con un sorbo de agua sin romper la norma anterior.
Solamente debe usted interrumpir bajo prescripción médica, una semana
antes de la operación, los medicamentos que afectan a la coagulación de la
sangre (por ejemplo Aspirina, Adiro, Asasantín, Tromalyt, Tiklid, Persantín,
Disgren, etc.).
-
Si es usted fumador debe intentar interrumpir su hábito cuanto más
tiempo mejor, previo a la cirugía.
En
este tipo de anestesia Ud. permanecerá despierto o ligeramente sedado.
Es necesario también canalizar una vena antes de proceder con el
bloqueo. El anestesiólogo le
administrará el anestésico mediante inyección en diferentes lugares del
organismo tales como la axila, la columna vertebral, etc. con la finalidad de
anestesiar una determinada zona del cuerpo (un brazo, una pierna, etc.).
Recuerde que, en ocasiones, la anestesia regional no consigue un nivel de
bloqueo suficiente y es necesario recurrir a una anestesia general.
Unos
electrodos adhesivos colocados en el pecho permitirán el control de su latido
cardíaco. También se le colocará
un aparato que medirá su tensión arterial y un dispositivo en el dedo (pulsioxímetro)
para conocer la cantidad de oxígeno en su sangre.
1.
En ocasiones excepcionales, como consecuencia de la dificultad que
plantea el acceso a un punto anestésico concreto, la anestesia administrada
pasa rápidamente a la sangre o a las estructuras nerviosas, produciendo los
efectos de una anestesia general que se puede acompañar de complicaciones
graves, como bajada de la tensión, convulsiones, etc.
Generalmente estas complicaciones se solucionan pero requieren llevar a
cabo la intervención prevista con anestesia general.
2.
Tras la administración de la anestesia regional pueden surgir molestias,
tales como dolor de cabeza o de espalda, que desaparecen en los días
posteriores. Es posible que, después de este tipo de anestesia, queden
molestias en la zona con sensación de acorchamiento u hormigueo, generalmente
pasajeros.
3.
La administración de los sueros y los medicamentos, que son
imprescindibles durante la anestesia, pueden producir, excepcionalmente,
reacciones alérgicas. Estas reacciones pueden llegar a ser graves pero tienen carácter
extraordinario. Los expertos desaconsejan la práctica sistemática de pruebas
de alergia a los medicamentos anestésicos por considerar que no es adecuado
hacerlo en pacientes sin historia previa de reacciones adversas a los mismos.
Además, estas pruebas no están libres de riesgo y, aún siendo su
resultado negativo, los anestésicos probados pueden producir reacciones
adversas durante el acto anestésico.
4.
Como consecuencia de su estado clínico puede ser necesario transfundirle
sangre.
Para
anestesiarle es preciso canalizar una vena por la que se le administrarán los
sueros y medicamentos necesarios según su situación y el tipo de cirugía
prevista. Debido al efecto de los fármacos estará dormido y relajado durante
la cirugía.
Durante
la anestesia es preciso colocarte un tubo, a través de la boca o de la nariz,
que llega hasta la tráquea (conducto que comunica la garganta con los
pulmones). Este tubo se conecta a un respirador cuya función es mantener la
respiración. Unos electrodos adhesivos colocados en el pecho permitirán el
control de su latido cardiaco. También se le colocará un aparato que medirá
su tensión arterial y un dispositivo en el dedo (pulsioxímetro) para conocer
la cantidad de oxígeno en su sangre.
1.
Excepcionalmente, la introducción del tubo hasta la tráquea puede entrañar
alguna dificultad y, a pesar de hacerlo con cuidado, dañar algún diente.
2.
Durante la colocación del tubo puede pasar al pulmón parte del
contenido del estómago y ocasionar alteraciones respiratorias.
Esta complicación es seria, pero muy poco frecuente.
3.
La administración de sueros y los medicamentos que son
imprescindibles durante la anestesia pueden producir, excepcionalmente,
reacciones alérgicas. Estas reacciones pueden llegar a ser graves pero tienen
carácter extraordinario. Los
expertos desaconsejan la práctica sistemática de pruebas de alergia a los
medicamentos anestésicos, por considerar que no es adecuado hacerlo en
pacientes sin historia previa de reacciones adversas a los mismos (por los
riesgos que conllevan y la inseguridad de que se produzca la reacción aún con
un resultado negativo ).
4.
En algunos casos, puede ser necesario transfundirle sangre.
5.
Otras posibles complicaciones son las siguientes: laringoespasmo y/o
broncoespasmo (debido a la manipulación de la vía aérea), ronquera en el
postoperatorio, náuseas y vómitos, dolores musculares, flebitis en el lugar de
venopunción...
De
cualquier forma, si ocurriera una complicación, debe saber que todos los medios
técnicos de la Clínica están disponibles para intentar solucionarla.
Antes de llegar a quirófano el anestesista conoce ya su historia clínica. Si a pesar de todo tiene alguna duda o desea comentarle algo, siempre podrá hacerlo antes de ser anestesiado.